Dios nos pide recurrir a los médicos

 

 

En los últimos días hemos visto noticias hacia los trabajadores del sector salud que nos llenan de tristeza, doctores y enfermeros están siendo rechazados – paradójicamente – por salvar vidas.

 

Repudio en el trasporte público, en las viviendas y hasta amenazas de muerte para médicos y personal de aseo que a diario en los hospitales buscan, no solo mantener con vida a centenares de personas, sino también llevar un sustento para sus familias que con amor los esperan en casa y aunque lo deseen con todo su corazón, no los pueden abrazar por temor al contagio.

 

¡El dolor de Dios al ver esta situación debe ser enorme! Estos actos destruyen el corazón del Padre Celestial, que en su palabra ha sido específico en que el ser humano debe acudir al médico cuando es necesario, ser consciente del don que hay en ellos y valorar el conocimiento que les ha sido dado. En Emisora Mariana compartimos el pasaje bíblico para reflexionar frente a la labor que ejercen los que ahora son nuestros héroes.

 

Medicina y enfermedad (Eclesiástico 38, 1-15)

 

Honra al médico en atención a sus servicios, porque también a él lo creó el Señor. Pues de Dios procede el arte de curar, y del rey recibirá regalos. La ciencia del médico le hace llevar la cabeza erguida y es admirado por los poderosos. El Señor creó de la tierra los remedios, el hombre sensato no los desprecia. ¿No se endulzaron las aguas con un leño para dar a conocer su poder? Él dio a los hombres la ciencia para que se gloríe en sus maravillas. Con ellas el médico cura y quita el dolor, con ellas el boticario hace sus mezclas, de manera que sus criaturas no perezcan y la salud se extienda sobre la faz de la tierra. Hijo, en tus enfermedades no te impacientes, sino suplica al Señor y él te curará. Apártate del pecado, lava tus manos y limpia tu corazón de todo pecado. Ofrece incienso y una ofrenda de flor de harina, y generosos sacrificios según tus medios. Después recurre al médico, porque también a él lo creó el Señor; y no se aparte de ti, porque necesitas de él, pues hay veces que la salud depende de sus manos. Porque también ellos rezan a Dios para que les conceda éxito en dar alivio y conservar la vida. El que peca a los ojos de su hacedor caerá en manos del médico”.

 

Sabemos que Jesús es el mejor médico, Él puede curar todos los males, los del cuerpo y los del alma, pero al seguirle también estamos llamados a la obediencia de su palabra y, en este caso, está claro que el que no recurre al doctor cuando lo necesita es necio y terco ante los ojos del Señor.

 

Agradecemos a doctores, enfermeros, paramédicos, psicólogos, cirujanos, pediatras y a todos aquellos que en este momento de dificultad están dando su vida para salvar la de otros; que aún conociendo el riesgo que corren desempeñando esta labor, siguen dando el ciento por uno como lo prometieron al escoger tan admirable profesión. Dios y María Santísima los siga bendiciendo, oramos por ustedes y sus familias.

 

 

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