Proteger a los niños, tarea de todos

 

Desde 1997, cada 16 de abril se conmemora el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil, una realidad que, a pesar de los avances, sigue presentándose en muchas partes del mundo. La Organización Internacional del Trabajo afirma que más de 200 millones de niños son víctimas del trabajo infantil.

 

El origen de esta fecha está relacionado con Iqbal Masih, un niño pakistaní asesinado en 1995 por su labor a favor de la infancia. Tenía 4 años cuando su padre lo entregó a una fábrica de alfombras a cambio del dinero que le hacía falta para pagar la boda de su hijo mayor, el pequeño trabajaba doce horas diarias y se le descontaba un porcentaje para abonar a la deuda; sin embargo, esta seguía subiendo por otros préstamos, así que el niño siguió trabajando durante varios años.

 

 

Por medio de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado logró salir de la fábrica, después conoció a Ehsan Khan que estaba en contra de la esclavitud infantil, a su lado se dedicó a luchar por los derechos de los más vulnerables; con su acción se cerraron muchas fábricas que usaban niños para trabajos pesados. Iqbal Masih recibió varios premios internacionales con los cuales abrió una escuela.

 

         (Imagen: Child Labor)

 

El 16 de abril de 1995, con tan solo 12 años y mientras paseaba en su bicicleta, Iqbal fue asesinado de un disparo como venganza a su trabajo. Dos años después distintas ONGs proclamaron este día internacional con el fin de detener la esclavitud doméstica, el trabajo forzoso, la explotación sexual y todas las acciones que denigran y hacen daño a los niños en el mundo.

 

La invitación es que, a ejemplo de Jesús, defendamos a los más pequeños, los tratemos con amor y denunciemos todo acto que afecte su integridad física o emocional. “Por entonces los discípulos comenzaron a discutir quién de ellos sería el más importante. Jesús al darse cuenta de lo que estaba pasando, tomó a un niño, lo puso junto a él y les dijo: - El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió. Por eso, el más insignificante entre todos ustedes, ese es el más importante” (Lc 9, 46 – 48).

 

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